Fortuito

Quiero en una noche escaparme asido
por tus brazos quietos, igual suspiro
llegar a tus labios en un respiro
lleno de tu aliento, viento mecido.

Aislarme en tu vientre, hacerme perdido
sembrando llanos bajo luz zafiro
arenas en manos, tiempo que estiro.
Llegar a tus labios, sino que pido.

Y avivar aquí oscuridad y noche
sólo el reflejo de una luna bella
entrando libre con fragor deshecho.

Quiero escaparme asido sin reproche
por toda la calma que se destella.
Siguen tus labios los míos al acecho.



Interludio

Mientras estabas allí de pie
yo caí en una espiral envolvente.
Miles de volutas me arrastraron en caireles infinitos.
Conocí el mar y la tierra, en el punto donde se funden;
se integraban y disipaban en un lento respirar.

Miré la oscuridad que nace en un hombre
cuando las reglas dejan de importar.
Cuando el anhelo es más fuerte que la derrota
y que la espera y la vacuidad

Ceres me miró y diseccionó
y después buscó las ecuaciones del mundo
y dio sentido a la humilde ciencia relativa.

Miré nacer partículas.
La danza de la creación,
la creación de la divinidad
lo divino del más allá
y el interludio en el que viví.
Entre vendavales y tormentas
de una tierra nativa.

Por milenios inexplorados,
por distancias insondables
por tiempos incalculables
luego reducidos a un instante inefable...
una gota cayendo lenta
mientras estabas allí, de pie.



Vigilia

Con las manos arrastrando
voy arando esta tierra
y en cada surco siembro
un augurio y una promesa.

Me filtro entre la aridez
y la preño de vida.
Tocaré el resplandor que quede
cuando el sudor
haya cubierto la frente
y la boca reseca
y el cuerpo fatigado
y la noche enrarecida
me digan
que debo ser guardián y manto.
Lamer la sal.
Sanar heridas.

Con los pies arrastrando
me acurruco.
Acaricio el fértil vientre
de mi verdad
y sueño con ser eterno
en el anhelo de quererla.

Desmorono ideas e irrigo el otoño.
Moriré mientras esta tierra florece.
Moriré entre las plantas.
Besaré las semillas.
La añoranza de lo incierto.
Las raíces que se encarnan.