Procuro no desnudarte
aunque estés hecha de pilares de deseo
con dos manecillas desfasadas
y lleves entre cuencos el absurdo
lo llano
lo perplejo
lo olvidado, de mí
Y escurras tus paredes de mármol
de ánfora
de cartílago
de abrazo y brasas
Aunque te remezas
y rememores
lo que una piel erizada
por efluvios, ha olvidado
Te procuro algo vestida
como al brote recién nacido
de una semilla
Como pensamiento póstumo
que no tardío
Aunque fundas el desvelo
y el ocaso
y cada amanecer en ti
tenga sabor
a prístino milagro
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