Me gusta el tácito idioma que tú hablas
que no el mismo que hablan todos.
No aquél
que entienden otros.
Éste me respira y exhala
como cápsulas de latidos
y en los latidos resuena
y reverbera en los oídos...
me llama entre las venas.
Me gusta cómo brota de tus labios
tus inquietos labios
y me dice que allí (y solo allí)
hay una habitación,
que puedo tomar en renta
con un ventanal de cálida luz
una mesita y un futón…
un libro y un incienso.
Tu idioma en el tapiz
de las paredes.
Me gusta cómo se entreteje en palabras
fugaces y pícaras
me toma desprevenido con ellas
y ataca mi ingenuidad
se retira en una charla nubosa
y se ríe de mí, y mi intento
de hablar tu mismo idioma un momento
solo un momento...
y ese momento, me gusta.
Me gusta tu idioma,
que salta de tus ojos perspicaces
me ata y me dice "quédate allí, quieto"
y prepara una obra efímera
de actores improvisados
tras telones que no tienen
ataduras.
Y no sé qué esperar, y vivo expectante
y me corren chorros de vida
mientras espero. Y vivo expectante
Y espero y espero. Y me gusta.
Ese idioma tuyo
tácito y sutil, me gusta.
Lo extraño cuando no lo tengo
y le busco, como a la piedra filosofal
de una arcana ciencia que resuelve,
cuando la vida despierta,
todos los enigmas.