Estoy bebiendo el agua de hace días
en la botella de hace meses.
La bebo hace segundos
y la sed de horas no se calma.
Tibia el agua como el rumor
de que la primavera viene
en contadas semanas de jacarandas.
Calma el agua como la calma
de los lustros de paz entre las guerras.
Beso el agua fluente, de hace ayeres
laminar en su dualidad
agua y hoguera.
Me consumen las llamas de llamar
despejar dudas que acopio... y querer
como quieren, lo recuerdo,
las infancias en su fuero…
Las preguntas que guardo en las repisas
fluyen en una biblioteca milenaria
y me aturden y agobian cual cascada.
Guardo más cuestiones y
la cobardía de hace atardeceres
me remuerde los residuos
de las inexpresas ganas.
Y así soy un instante que recuerda instantes.
Y un lapso que busca futuros.
Y otro nimio instante que se comparte
como un atardecer cayendo en gotera.
Beso el agua que me queda
cual si fueran unos labios pendientes
cual si fueran horas pertinentes
cual si fuera la vida de siglos que
en milésimas de algo atemporal
en aquellos labios me espera.