Te escucho temblar a mi lado
desnuda en piel
cayendo a gotas.
Te escucho al retraer las manos y cantar en
susurros,
en baños solitarios
y entre cabellos despeinados.
Te veo plena con la fuerza que invocas.
Escucho tu suspiro suplicante…
Antes de apagar la luz,
cerrar el libro
besarte la frente y quererte.
Pero hoy no quiero tocarte,
me bañarías en susurros
mintiéndome sobre el destino,
nuestro caminos,
mis cabellos despeinados
y nuestras soledades.
Hoy te necesito rendida
lejos de la fuerza que entrañas
y tu respiro suplicante,
antes de apagar la luz,
cerrar el libro,
besarte y quererte desde lejos.
Tal vez, en silencio,
te abrace más tarde
bien entrada la noche
sin que despiertes o te asustes
pero sé que entonces soplarás
vendrás a mí, tibia y perlada,
cubriéndome con tu desnudez.
Hoy no quiero beberte
pero anhelo tu ingravidez
y tener los ojos empapados.
Y te escucho
siempre te escucho
no quisiera llegar a viejo
sin tener una voz que anhelar.
Y, aquí,
antes de cerrar el libro,
tirar de las cobijas,
arrellanar las almohadas
y desearte ciegamente
quiero mirarte
caer gota a gota.