Sociedad

Ojalá que te halle la lluvia
nutriendo esta tierra seca.
Que te atrape entre garras voraces,
que sellen tu herida
y desafíen al dios que te fabrica en arcilla
y da latido.
 
Y bajo tenue luz de alba
ojalá que te encuentre yo
conjurando la vida.
 
Por aquellas manos
-mis manos, solamente-
bajarán en estrías las caricias
que el asueto regala
y entre dedos un vicio inacabable
por el que culpo a tu tibieza.
 
Estas manos -mis manos,
sin hartazgo al repetir-
te moldearán y darán forma
con el giro de la costumbre.
 
Ojalá que te halle en la rutina
nutriendo las creencias
y los ojos
y las risas
y las fortunas…
si acaso mis fortunas.
 
Este alfarero cuenta días
trabajando lento a la tentación de la prisa.
Ojala que pase
el expreso de mi suerte
y llegue pronto a la costumbre
de acariciar tu vientre.



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