Quiesencia

Quedo abrazado de estas sábanas
de un tic tac eterno 
retumbando a lo lejos
de los hilos de aroma
que se desvanecen
del amor deshecho
y un semblante quieto

Quedo en silencios que a la postre
te estarán olvidando
y a tus risas consigo

Quedo testigo
de unos restos de sapiencia
gritos en la aurora
que predican tu nombre

Abrazo más fuerte
tu impresencia en la cama
el lugar en que nunca estuviste
el aroma que jamás dejaste
la nimiedad del amor callado

Quedo con besos que no son besos
y te revisten nívea
y el tic tac eterno
despreciable
que a la postre
se estará olvidando 
de ti
y mis restos consigo



Un día común con Descartes

Pienso
Hago un café 
Sacudo las lagañas
Sacudo las cobijas 
Me baño y recuerdo 
Según el día, lloro
o me río 
o me pierdo 
en el ruido
del agua cayendo

Corro
Manejo
Bebo agua y repruebo
A veces aprendo 
Si como es bueno
Si sonrío es bueno
Si hablo es raro
Luego me canso
Luego, entonces, existo



Milagro

Procuro no desnudarte
aunque estés hecha de pilares de deseo
con dos manecillas desfasadas
y lleves entre cuencos el absurdo
lo llano
lo perplejo
lo olvidado, de mí

Y escurras tus paredes de mármol 
de ánfora 
de cartílago 
de abrazo y brasas

Aunque te remezas
y rememores
lo que una piel erizada
por efluvios, ha olvidado

Te procuro algo vestida
como al brote recién nacido
de una semilla 

Como pensamiento póstumo
que no tardío

Aunque fundas el desvelo
y el ocaso
y cada amanecer en ti
tenga sabor
a prístino milagro



Hojas muertas

¿Qué queda bajo esta cama de hojas muertas?
¿cenizas de ancestros?
¿historial de latidos?

Hay lodo bajo esta cama de hojas secas
hay lodo de la pasada lluvia
de ayer jueves
ayer, que hacía frío
Ayer que el estruendo de tormenta me llamaba

Hay sonoras risas de una infancia.
La caída de una hamaca
la primera bicicleta
el aroma de los mangos y granadas

¿Qué queda bajo esta cama de cabellos de árbol?
cabellos que se pudren y nutren
cabellos que renacerán, quizás mañana
mañana sábado, temprano
sábado de desayuno en familia
de dormir hasta tarde
de música y quehaceres

¿Qué queda bajo este molde de tierra y hojas?
Hojas secas
hojas muertas
cuerpo compostado
molde de tierra que me abraza
¿Qué queda?
No… no quedo yo… ya no



Asuntos pendientes

Y una tarde
una de mucho calor
mientras laves los trastes
y te rías pensando 
por qué los gatos parecen duendes
pensarás en algún viejo amor

Y una noche
una de mucho vacío
con sábanas frías
con cuerpos fríos
recordarás unos labios apretados
y en pecho, acelerados latidos

Y un amanecer
uno de mucho alarde
tendrás la inquietud por saber
(como todos lo deseamos alguna vez)
qué tan tarde 
puede ser algo tarde

Y en un mensaje
uno sin asunto
legarás palabras para responder
si acaso 
lo concebido muerto podría
en otra tarde
en otra noche
en otro amanecer... haber vivido

Eso 
yo también
me lo pregunto



Atemporal

Estoy bebiendo el agua de hace días 
en la botella de hace meses.
La bebo hace segundos 
y la sed de horas no se calma.

Tibia el agua como el rumor 
de que la primavera viene
en contadas semanas de jacarandas.

Calma el agua como la calma
de los lustros de paz entre las guerras.

Beso el agua fluente, de hace ayeres
laminar en su dualidad
agua y hoguera.
Me consumen las llamas de llamar
despejar dudas que acopio... y querer
como quieren, lo recuerdo, 
las infancias en su fuero…

Las preguntas que guardo en las repisas 
fluyen en una biblioteca milenaria 
y me aturden y agobian cual cascada. 
Guardo más cuestiones y
la cobardía de hace atardeceres
me remuerde los residuos 
de las inexpresas ganas.

Y así soy un instante que recuerda instantes.
Y un lapso que busca futuros.

Y otro nimio instante que se comparte
como un atardecer cayendo en gotera.

Beso el agua que me queda 
cual si fueran unos labios pendientes
cual si fueran horas pertinentes
cual si fuera la vida de siglos que 
en milésimas de algo atemporal
en aquellos labios me espera.



Alquimia

Me gusta el tácito idioma que tú hablas
que no el mismo que hablan todos.
No aquél 
que entienden otros.

Éste me respira y exhala
como cápsulas de latidos
y en los latidos resuena
y reverbera en los oídos...
me llama entre las venas.

Me gusta cómo brota de tus labios
tus inquietos labios
y me dice que allí (y solo allí)
hay una habitación,
que puedo tomar en renta
con un ventanal de cálida luz 
una mesita y un futón… 
un libro y un incienso. 
Tu idioma en el tapiz 
de las paredes.

Me gusta cómo se entreteje en palabras
fugaces y pícaras
me toma desprevenido con ellas 
y ataca mi ingenuidad
se retira en una charla nubosa
y se ríe de mí, y mi intento
de hablar tu mismo idioma un momento 
solo un momento...
y ese momento, me gusta.

Me gusta tu idioma, 
que salta de tus ojos perspicaces
me ata y me dice "quédate allí, quieto"
y prepara una obra efímera
de actores improvisados
tras telones que no tienen 
ataduras.

Y no sé qué esperar, y vivo expectante
y me corren chorros de vida
mientras espero. Y vivo expectante
Y espero y espero. Y me gusta.

Ese idioma tuyo
tácito y sutil, me gusta. 
Lo extraño cuando no lo tengo 
y le busco, como a la piedra filosofal 
de una arcana ciencia que resuelve, 
cuando la vida despierta,
todos los enigmas.