Ven

El amor se esconde entre dos crestas de ola
que chocan entre sí.
Ven, sígueme a mirarlas:
cómo se lavan y se funden con violencia
y se reducen ambas a la paz.
 
El amor es la espuma residual
la quietud mansa
la ensoñación de lo que vendrá.
 
El amor está entre mares,
perdido.
Pequeños mares que crecen en océanos,
que ahogan y demandan tormentas
embravecidas, beligerantes.
 
Ven, sígueme a desnudarles
con el paso del viento...
“Soy solo agua” parecen decir,
y emanan virtud y gracia
en su vaivén.
 
Y allí muere el cuerpo
por la sal que le invade.
Y un náufrago se niega
a dejar de beber.
Nada y sonríe rebosante de fatalidad
entre predadoras mareas...
se deja arrastrar.
El amor se encuentra allí:
umbral entre muerte venidera
y venidero renacer.
 
Ven, sígueme en camino a morir...
después habrá calma.
Luego podremos desayunar.



Reencuentro

Tal vez
de frente en una calle
sea para ti una sombra desconocida.

Tal vez despeine tu fleco
con una danza sigilosa
apenas tangible.

Tal vez camine
apegado a la orilla
pateando piedras del camino.

Quizás algunas rueden a tus pies
y rueguen, en lo menos, un desprecio.
Quizás entre los surcos de la tierra
vuelvan, avergonzadas, a rodar.

Tal vez
me vuelva la partícula
de una piel, desprendida.
Un poema más
que pase por tu vida
y en ella tome refugio.

Tal vez sólo siga una línea recta
y, tras muchos soles,
en nuevos versos
te vuelva a encontrar.




Fortuito

Quiero en una noche escaparme asido
por tus brazos quietos, igual suspiro
llegar a tus labios en un respiro
lleno de tu aliento, viento mecido.

Aislarme en tu vientre, hacerme perdido
sembrando llanos bajo luz zafiro
arenas en manos, tiempo que estiro.
Llegar a tus labios, sino que pido.

Y avivar aquí oscuridad y noche
sólo el reflejo de una luna bella
entrando libre con fragor deshecho.

Quiero escaparme asido sin reproche
por toda la calma que se destella.
Siguen tus labios los míos al acecho.



Interludio

Mientras estabas allí de pie
yo caí en una espiral envolvente.
Miles de volutas me arrastraron en caireles infinitos.
Conocí el mar y la tierra, en el punto donde se funden;
se integraban y disipaban en un lento respirar.

Miré la oscuridad que nace en un hombre
cuando las reglas dejan de importar.
Cuando el anhelo es más fuerte que la derrota
y que la espera y la vacuidad

Ceres me miró y diseccionó
y después buscó las ecuaciones del mundo
y dio sentido a la humilde ciencia relativa.

Miré nacer partículas.
La danza de la creación,
la creación de la divinidad
lo divino del más allá
y el interludio en el que viví.
Entre vendavales y tormentas
de una tierra nativa.

Por milenios inexplorados,
por distancias insondables
por tiempos incalculables
luego reducidos a un instante inefable...
una gota cayendo lenta
mientras estabas allí, de pie.



Vigilia

Con las manos arrastrando
voy arando esta tierra
y en cada surco siembro
un augurio y una promesa.

Me filtro entre la aridez
y la preño de vida.
Tocaré el resplandor que quede
cuando el sudor
haya cubierto la frente
y la boca reseca
y el cuerpo fatigado
y la noche enrarecida
me digan
que debo ser guardián y manto.
Lamer la sal.
Sanar heridas.

Con los pies arrastrando
me acurruco.
Acaricio el fértil vientre
de mi verdad
y sueño con ser eterno
en el anhelo de quererla.

Desmorono ideas e irrigo el otoño.
Moriré mientras esta tierra florece.
Moriré entre las plantas.
Besaré las semillas.
La añoranza de lo incierto.
Las raíces que se encarnan.




Ocaso

Aquí te espero,
con la sal, el queso y el pan.
Unas velas encendidas,
un televisor expectante.

Como si fuera una cena romántica.
Como si hubiera una conversación por continuar.
Como si una serie nos aguardara en pantalla
y nos mirara abrazados.

Como si la sal no escociera en los ojos.
Como si el queso no agriara.
Como si el pan no endureciera.

Como si las velas no se volvieran incendiarias
con la ira, con la espera, con la incertidumbre....
Como si nunca se consumieran.




Vino y Café

No soy de vinos. No soy de ellos.
No sé beberlos o cuándo beberlos;
ni los tipos o los olores.

Tomo pulque de vez en cuando y olvido.
Tomo tequila y recuerdo...
Bebo cerveza y engordo felizmente
pensando
en lo que olvido y en lo que recuerdo.

Tampoco sé de ti
mientras sigues fumando en esa esquina,
entre el milagro y la mentira,
dándome más recuerdos a beber
para olvidar.

Tomaré un café con la resaca venidera.
Tampoco soy de cafés
y beberlos es mala idea para un cuerpo seco.
Pero me gusta su aroma
disfruto su aroma.
Me recuerda unas mañanas que no han sucedido
unos hombros desnudos bajo un cabello suelto.

Beberé el café y olvidaré al vino...
Me da espejismos y temblores.
Me hace beberte y olerte
y eso no es bueno para un cuerpo seco.