Herrumbre

Mírame, hecho e inconcluso,
es mi última visita
la herrumbre me abraza.

Mírame en sepia
y huele la humedad que me embarga.

Tú estás allí, mírame. 
Hazlo mientras pasas
mientras eres el rocío matutino 
una barca en mar verde
una barca sobre hierba sutil
tendiendo el gélido manto
de la mañana en curso.

Allí estoy yo, sombra,
sin color de ocaso
sin arrebol... mírame 
me oculto ya… 
tú naces.
 
Cantaría un romance
y en éste grabaría el nombre
con que navegas...
pero me voy
mi tiempo no basta.
La herrumbre 
-ya lo he dicho-
me abraza.



Un camino corto

¿Recorrerás conmigo el camino?
Tengo pasos que no se escuchan
y mis ojos guardan distancias que te miran
creciendo, huyendo, riendo. Mía.

Camina a mi lado, hay mucho espacio.
Suelo caminar detrás, expectante.
Ahora quiero sentir un brazo en mi brazo
o una mano en mi mano.
Un disturbio en el viento 
que se curve entre nosotros
al tiempo que nos respira.

Desprende conmigo el atavismo.
No somos los de antes,
los que de antaño nos miran.
Seamos nuestros.

¿Andarás conmigo sin la prisa que bordea?
Todo pasa rápido y yo me detengo.
Quiero diluir el odio y arrepentimiento 
en la trascendencia.
Quiero la certeza. Quiero llorar ausencias.
Hallar el júbilo al unir el pecho a otro pecho.
Quiero recostar mi existencia
inclinado hacia la tuya.

¿Caminarás conmigo bajo sol o lluvia? 
¿descalzos?
¿con guijarros sempiternos?
El camino es corto, muy corto. 
Camina conmigo.
Caminemos lento.



Nada

Seguía 
como hilo de agua en tierra libre
un camino que no existía. 
Le seguía en un espacio
llano, llano
como un cuerpo cuando eternamente descansa.

Al remover terrones
cavé surcos para plantar 
expectantes semillas, de calor 
de un trago de hambre,
hambre que grita y no ceja.

En la liviandad y fluidez
hui
sonrojado por la nada, por el juego.
Por la nada
y en entrecejo una virtud perdida. 

Llamo a esto lo que resta de vida
lo que resta en vida 
y lo que la vida resta.

Seguía el camino
que a nada lleva.
Y lo es todo, como el hilo de agua,
lo es todo a su paso
dando más esperanza 
a una ajada tierra.

Bebe de mi
camino ignoto.
No soy nada 
y en la nada me pierdo.
Sin nada me disipo.



Ventana

Mira que somos como esas dos gotas
que corren bajando una ventana
en una tarde de lluvia veraniega.

Somos el resultado de transiciones
cambios milenarios (lo repetitivo) 
calor, humedad, gravedad, presión…

Mira que a veces te persigo y otras 
tú me sigues… y empujas y alientas
y me llamas y germinas y terminas
y me arrastras.

Mira que no sabría hacer sin ti
ni ser sin ti.
Y eso no lo sé 
hasta que te vuelvo a hallar
en una tarde de lluvia veraniega 
bajando conmigo una ventana
devorándonos la vida
y la eternidad
a través de un cristal.






Solo sé esperar

Te espero bajo un árbol, 
no cualquier árbol.

Te espero cantando coplas
que nadie escuchará. 

No sé hacer más.
Encimo piedras y las equilibro.
Yo solo sé esperar.

Te espero en el risco.
Mi risco.
Y en la tentación de abandonar.

No cualquiera canta mientras te observa. 
Yo te canto.
Te canto libre.
Te dejo escapar.



Ventisca

Ése sería yo
si la arena en la ventisca
no me hubiera consumido.
 
Aún ímprobo guerrero
de ajada misericordia…
sería yo en la terquedad
en la persistencia.
En la nocturna hoguera
y su consumada visión.

Traería yo una carreta llena
de salvia y enojos
hinojos y arrojos
frutos improbables. Resequedades.
Mordidas. Sabores etéreos.

Sería yo tomado de una brisa
en brazo.
Tomado de un abrazo
y de una blusa.

Tomado de lo que sería
aquel yo
si la arena en la ventisca
fuera la misma para todos.



Ven

El amor se esconde entre dos crestas de ola
que chocan entre sí.
Ven, sígueme a mirarlas:
cómo se lavan y se funden con violencia
y se reducen ambas a la paz.
 
El amor es la espuma residual
la quietud mansa
la ensoñación de lo que vendrá.
 
El amor está entre mares,
perdido.
Pequeños mares que crecen en océanos,
que ahogan y demandan tormentas
embravecidas, beligerantes.
 
Ven, sígueme a desnudarles
con el paso del viento...
“Soy solo agua” parecen decir,
y emanan virtud y gracia
en su vaivén.
 
Y allí muere el cuerpo
por la sal que le invade.
Y un náufrago se niega
a dejar de beber.
Nada y sonríe rebosante de fatalidad
entre predadoras mareas...
se deja arrastrar.
El amor se encuentra allí:
umbral entre muerte venidera
y venidero renacer.
 
Ven, sígueme en camino a morir...
después habrá calma.
Luego podremos desayunar.