Nada

Seguía 
como hilo de agua en tierra libre
un camino que no existía. 
Le seguía en un espacio
llano, llano
como un cuerpo cuando eternamente descansa.

Al remover terrones
cavé surcos para plantar 
expectantes semillas, de calor 
de un trago de hambre,
hambre que grita y no ceja.

En la liviandad y fluidez
hui
sonrojado por la nada, por el juego.
Por la nada
y en entrecejo una virtud perdida. 

Llamo a esto lo que resta de vida
lo que resta en vida 
y lo que la vida resta.

Seguía el camino
que a nada lleva.
Y lo es todo, como el hilo de agua,
lo es todo a su paso
dando más esperanza 
a una ajada tierra.

Bebe de mi
camino ignoto.
No soy nada 
y en la nada me pierdo.
Sin nada me disipo.



Ventana

Mira que somos como esas dos gotas
que corren bajando una ventana
en una tarde de lluvia veraniega.

Somos el resultado de transiciones
cambios milenarios (lo repetitivo) 
calor, humedad, gravedad, presión…

Mira que a veces te persigo y otras 
tú me sigues… y empujas y alientas
y me llamas y germinas y terminas
y me arrastras.

Mira que no sabría hacer sin ti
ni ser sin ti.
Y eso no lo sé 
hasta que te vuelvo a hallar
en una tarde de lluvia veraniega 
bajando conmigo una ventana
devorándonos la vida
y la eternidad
a través de un cristal.






Solo sé esperar

Te espero bajo un árbol, 
no cualquier árbol.

Te espero cantando coplas
que nadie escuchará. 

No sé hacer más.
Encimo piedras y las equilibro.
Yo solo sé esperar.

Te espero en el risco.
Mi risco.
Y en la tentación de abandonar.

No cualquiera canta mientras te observa. 
Yo te canto.
Te canto libre.
Te dejo escapar.



Ventisca

Ése sería yo
si la arena en la ventisca
no me hubiera consumido.
 
Aún ímprobo guerrero
de ajada misericordia…
sería yo en la terquedad
en la persistencia.
En la nocturna hoguera
y su consumada visión.

Traería yo una carreta llena
de salvia y enojos
hinojos y arrojos
frutos improbables. Resequedades.
Mordidas. Sabores etéreos.

Sería yo tomado de una brisa
en brazo.
Tomado de un abrazo
y de una blusa.

Tomado de lo que sería
aquel yo
si la arena en la ventisca
fuera la misma para todos.



Ven

El amor se esconde entre dos crestas de ola
que chocan entre sí.
Ven, sígueme a mirarlas:
cómo se lavan y se funden con violencia
y se reducen ambas a la paz.
 
El amor es la espuma residual
la quietud mansa
la ensoñación de lo que vendrá.
 
El amor está entre mares,
perdido.
Pequeños mares que crecen en océanos,
que ahogan y demandan tormentas
embravecidas, beligerantes.
 
Ven, sígueme a desnudarles
con el paso del viento...
“Soy solo agua” parecen decir,
y emanan virtud y gracia
en su vaivén.
 
Y allí muere el cuerpo
por la sal que le invade.
Y un náufrago se niega
a dejar de beber.
Nada y sonríe rebosante de fatalidad
entre predadoras mareas...
se deja arrastrar.
El amor se encuentra allí:
umbral entre muerte venidera
y venidero renacer.
 
Ven, sígueme en camino a morir...
después habrá calma.
Luego podremos desayunar.



Reencuentro

Tal vez
de frente en una calle
sea para ti una sombra desconocida.

Tal vez despeine tu fleco
con una danza sigilosa
apenas tangible.

Tal vez camine
apegado a la orilla
pateando piedras del camino.

Quizás algunas rueden a tus pies
y rueguen, en lo menos, un desprecio.
Quizás entre los surcos de la tierra
vuelvan, avergonzadas, a rodar.

Tal vez
me vuelva la partícula
de una piel, desprendida.
Un poema más
que pase por tu vida
y en ella tome refugio.

Tal vez sólo siga una línea recta
y, tras muchos soles,
en nuevos versos
te vuelva a encontrar.




Fortuito

Quiero en una noche escaparme asido
por tus brazos quietos, igual suspiro
llegar a tus labios en un respiro
lleno de tu aliento, viento mecido.

Aislarme en tu vientre, hacerme perdido
sembrando llanos bajo luz zafiro
arenas en manos, tiempo que estiro.
Llegar a tus labios, sino que pido.

Y avivar aquí oscuridad y noche
sólo el reflejo de una luna bella
entrando libre con fragor deshecho.

Quiero escaparme asido sin reproche
por toda la calma que se destella.
Siguen tus labios los míos al acecho.