Hojas muertas

¿Qué queda bajo esta cama de hojas muertas?
¿cenizas de ancestros?
¿historial de latidos?

Hay lodo bajo esta cama de hojas secas
hay lodo de la pasada lluvia
de ayer jueves
ayer, que hacía frío
Ayer que el estruendo de tormenta me llamaba

Hay sonoras risas de una infancia.
La caída de una hamaca
la primera bicicleta
el aroma de los mangos y granadas

¿Qué queda bajo esta cama de cabellos de árbol?
cabellos que se pudren y nutren
cabellos que renacerán, quizás mañana
mañana sábado, temprano
sábado de desayuno en familia
de dormir hasta tarde
de música y quehaceres

¿Qué queda bajo este molde de tierra y hojas?
Hojas secas
hojas muertas
cuerpo compostado
molde de tierra que me abraza
¿Qué queda?
No… no quedo yo… ya no



Asuntos pendientes

Y una tarde
una de mucho calor
mientras laves los trastes
y te rías pensando 
por qué los gatos parecen duendes
pensarás en algún viejo amor

Y una noche
una de mucho vacío
con sábanas frías
con cuerpos fríos
recordarás unos labios apretados
y en pecho, acelerados latidos

Y un amanecer
uno de mucho alarde
tendrás la inquietud por saber
(como todos lo deseamos alguna vez)
qué tan tarde 
puede ser algo tarde

Y en un mensaje
uno sin asunto
legarás palabras para responder
si acaso 
lo concebido muerto podría
en otra tarde
en otra noche
en otro amanecer... haber vivido

Eso 
yo también
me lo pregunto



Atemporal

Estoy bebiendo el agua de hace días 
en la botella de hace meses.
La bebo hace segundos 
y la sed de horas no se calma.

Tibia el agua como el rumor 
de que la primavera viene
en contadas semanas de jacarandas.

Calma el agua como la calma
de los lustros de paz entre las guerras.

Beso el agua fluente, de hace ayeres
laminar en su dualidad
agua y hoguera.
Me consumen las llamas de llamar
despejar dudas que acopio... y querer
como quieren, lo recuerdo, 
las infancias en su fuero…

Las preguntas que guardo en las repisas 
fluyen en una biblioteca milenaria 
y me aturden y agobian cual cascada. 
Guardo más cuestiones y
la cobardía de hace atardeceres
me remuerde los residuos 
de las inexpresas ganas.

Y así soy un instante que recuerda instantes.
Y un lapso que busca futuros.

Y otro nimio instante que se comparte
como un atardecer cayendo en gotera.

Beso el agua que me queda 
cual si fueran unos labios pendientes
cual si fueran horas pertinentes
cual si fuera la vida de siglos que 
en milésimas de algo atemporal
en aquellos labios me espera.



Alquimia

Me gusta el tácito idioma que tú hablas
que no el mismo que hablan todos.
No aquél 
que entienden otros.

Éste me respira y exhala
como cápsulas de latidos
y en los latidos resuena
y reverbera en los oídos...
me llama entre las venas.

Me gusta cómo brota de tus labios
tus inquietos labios
y me dice que allí (y solo allí)
hay una habitación,
que puedo tomar en renta
con un ventanal de cálida luz 
una mesita y un futón… 
un libro y un incienso. 
Tu idioma en el tapiz 
de las paredes.

Me gusta cómo se entreteje en palabras
fugaces y pícaras
me toma desprevenido con ellas 
y ataca mi ingenuidad
se retira en una charla nubosa
y se ríe de mí, y mi intento
de hablar tu mismo idioma un momento 
solo un momento...
y ese momento, me gusta.

Me gusta tu idioma, 
que salta de tus ojos perspicaces
me ata y me dice "quédate allí, quieto"
y prepara una obra efímera
de actores improvisados
tras telones que no tienen 
ataduras.

Y no sé qué esperar, y vivo expectante
y me corren chorros de vida
mientras espero. Y vivo expectante
Y espero y espero. Y me gusta.

Ese idioma tuyo
tácito y sutil, me gusta. 
Lo extraño cuando no lo tengo 
y le busco, como a la piedra filosofal 
de una arcana ciencia que resuelve, 
cuando la vida despierta,
todos los enigmas.



Horizonte de eventos

Deja de vestirte 
como lo hace la primavera
por favor.

Deja de oírte como un arrullo
deja de traer, en ti, el calor
deja los arroyos, las oleadas,
los salvajes murmullos que apenas escucho
y quiero escuchar y dedicarles 
más murmullos de atención 

Deja los sabores dulces
por favor.
Déjalos en casa, 
en los postres que preparas,
en el ocio de la tarde
en el sesgo de un día vacío 

Deja de llenar entrelíneas
y borra párrafos alternos.

Deja de llamarte como los testamentos
como las afirmaciones 
como lo que me calma
como lo que me acopla 
como lo que me falta 
como lo que me arropa




Valeriana

No vendrás con la noche
ni con los sueños...

Tu insomnio te hará tomar un té
valeriana seguramente 
y sin azúcar

Lo beberás en una taza 
o en un jarro colorido
que dejarás vacío en la tarja 
para un después,
otro momento

Te envolverás en una manta que pesa tanto 
como un gato o un conejo.
Una manta que aplastará tu cuerpo 
para imitar un abrazo, contra la cama 

Si todo sale bien, dormirás 
en un descanso que tus ojos
verbigracia de lo divino
agradecerán

Desconozco 
lo que pasará entre tus cabellos entonces 
y, en gran certeza, 
no lo sabré de tus labios, 
ni de tus letras, ni dibujos.
Ni de esos pequeños ademanes que haces
cuando te emociona decir 
que has tomado una decisión.

La almohada tampoco lo sabrá

No vendrás con palabras sabias 
con frases rebuscadas 
amables
afables 
de negación 
de: perdón, hoy no. No puedo.
Tal vez después.
Tal vez...

Ni con la noche
ni con los sueños 
ni con palabras sabias...

No vendrás... 

Descansa
Duerme bien



Aquí

Estás aquí y lo entiendes
yo no estoy
mas quisiera estarlo

Soy un envío
    ya no el mensajero

Llega tú a tu otro lado
al lado que te espera
    vacío de ti

Ve con la gracia que te ensalza
        ve
aquí quedo...
        hazme sonreír

Ve a donde apenas rozo tu memoria 
donde la mía será niebla 
y deja de estar aquí...

Aunque lo entiendes
me entiendes 
    y estás aquí 

Deja este cuerpo vacío de ti
y llena de ti 
otra historia 
otras páginas 
no temas vaciarme así 

Entre las olvidadas bendiciones
y al repaso de mis hojas
a este libro de vida le falta solo 
el vertiginoso miedo
                de saberte feliz