Arena

Me desmigajo y caigo a pedazos, 
eso me pasa siempre, 
no hay de qué preocuparse.

Me desmigajo porque soy de barro, 
soy de tiempo y de calores...
Paciencia es mi conservación; 
quisiera un esmalte que me cubra
o que exista agua que me sacie...

Pero voy a fragmentos multiformes, 
guijarros y polvo. Voluble cual hombre.
¿Imagen y semejanza de qué? Nada sabio, sin duda.

Si fuera un Dios (un dios benigno cuando menos) 
sólo dejaría arena...
Arena y un poco de agua que la bese.




Diálogo

Te escucho temblar a mi lado
desnuda en piel
cayendo a gotas.

Te escucho al retraer las manos y cantar en susurros,
en baños solitarios
y entre cabellos despeinados.
Te veo plena con la fuerza que invocas.
Escucho tu suspiro suplicante…
Antes de apagar la luz,
cerrar el libro
besarte la frente y quererte.

Pero hoy no quiero tocarte,
me bañarías en susurros
mintiéndome sobre el destino,
nuestro caminos,
mis cabellos despeinados
y nuestras soledades.

Hoy te necesito rendida
lejos de la fuerza que entrañas
y tu respiro suplicante,
antes de apagar la luz,
cerrar el libro,
besarte y quererte desde lejos.

Tal vez, en silencio,
te abrace más tarde
bien entrada la noche
sin que despiertes o te asustes
pero sé que entonces soplarás
vendrás a mí, tibia y perlada,
cubriéndome con tu desnudez.
Hoy no quiero beberte
pero anhelo tu ingravidez
y tener los ojos empapados.

Y te escucho
siempre te escucho
no quisiera llegar a viejo
sin tener una voz que anhelar.
Y, aquí,
antes de cerrar el libro,
tirar de las cobijas,
arrellanar las almohadas
y desearte ciegamente
quiero mirarte
caer gota a gota.



Sociedad

Ojalá que te halle la lluvia
nutriendo esta tierra seca.
Que te atrape entre garras voraces,
que sellen tu herida
y desafíen al dios que te fabrica en arcilla
y da latido.
 
Y bajo tenue luz de alba
ojalá que te encuentre yo
conjurando la vida.
 
Por aquellas manos
-mis manos, solamente-
bajarán en estrías las caricias
que el asueto regala
y entre dedos un vicio inacabable
por el que culpo a tu tibieza.
 
Estas manos -mis manos,
sin hartazgo al repetir-
te moldearán y darán forma
con el giro de la costumbre.
 
Ojalá que te halle en la rutina
nutriendo las creencias
y los ojos
y las risas
y las fortunas…
si acaso mis fortunas.
 
Este alfarero cuenta días
trabajando lento a la tentación de la prisa.
Ojala que pase
el expreso de mi suerte
y llegue pronto a la costumbre
de acariciar tu vientre.



Carta

Tal vez se detenga tu respiro a mi lado
tal vez, extasiado, brote en cerezas
flores y rezos…
Tal vez no suceda
y te siga mirando.

Tal vez te bese sobre la acera,
antes de cruzar la calle.
Tal vez anhele alimentarme de ti
antes de que los peatones te arranquen
y la voluntad muera al morir tus pasos.

Tal vez me harte de verte hablar
sin hablarme
y huya sin pensar volver.

Tal vez me pierda entre calles
buscando otro perfume…
Tal vez me entere muy tarde,
después de tanta desgraciada huida,
que no escapé.

Tal vez no me lo crea…
Tal vez tire fragmentos de cobardía
y entonces, a ti, te haga creer…

Pero ahora pensaré en el suspiro
que un día olvidaste,
aquél que, jugando a la ignorancia,
resguardé
creyéndome destinatario.



Estancia

Benditas la noches perdidas en la hojarasca,
el diáfano viento en manto por tu cuerpo
y el aura de cristales.

Benditas la pieles,
las sales,
la canela y la madrugada.
El sabor inevitable de tus labios
al humedecerlos.

El lienzo que tomo
cuando cae la noche
y mis huellas se empapan.
El lienzo que acepta trazos imprecisos
por quererlos.

El frío,
el frío bendito que aproxima.
La plata en la piel de plata
que se confina amante.